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Editado Por la Junta de Educación
Médica para América Latina. Buenos Aires, 2003
Fragmentos
El discurso médico a través de la
historia.
La medicina siempre tuvo su
discurso oficial, el cual fue variando con el transcurso del tiempo. También una
mitología, que obviamente fue estimulada por los padres de la medicina, pero que
muchas veces nos volvió incapaces para entender al otro, para comprender lo que
nos resulta ajeno, para ver que la medicina tiene sus límites, y que la nuestra
es una medicina omnipotente. En efecto, la medicina occidental se presenta en
público como la medicina del éxito, de la vida como principio, de la salud
entendida como completo bienestar en todas sus dimensiones, para recordar el
difundido concepto de la Organización Mundial de la Salud (aunque la
OMS no mencionó el bienestar espiritual)
No creo que la historia
(universal, de la ciencia o de lo que fuere) se halle regida por leyes
inmutables, ni que el devenir histórico esté escrito. Pienso que la historia se
va haciendo cotidianamente, con marchas y contramarchas, con zigzags, con
consensos, acuerdos, pactos y concesiones. Las grandes ideas y teorías se mueven
en el mundo de la abstracción, y no siempre se compadecen con los seres de carne
y hueso, quienes apelando a un sentido pragmático y realista de la vida claman
por la solución de sus problemas existenciales, aquí y ahora. En el discurso de
la medicina oficial tienen cabida –además del cuerpo doctrinario- las
influencias, la tradición, las ideas fuerza, las creencias, la moral de la
época, los intereses de ciertas capillas, las modas. En lo que atañe a estas
últimas, reparemos que existen modas tanto en lo que comprende a las teorías
etiopatogénicas y fisiopatológicas, como en lo que respecta al diagnóstico,
tratamiento, prevención y rehabilitación. De tanto en tanto reaparecen teorías o
conductas que fueron desechadas en el pasado, y hoy son motivo de
reconsideración. La medicina es un campo imposible de abarcar, en él se
entrecruzan las certidumbres con los riesgos y las incertidumbres, y, con esto
debemos lidiar diariamente los médicos. Esta mixtura de certidumbres, riesgos e
incertidumbres, a menudo es difícil de aceptar, tanto para los pacientes, como
también para los medios e incluso los jueces. Todos nos reclaman precisión,
seguridad, garantías, como si para alcanzar esas metas bastase la buena
disposición y tener los conocimientos al día.
Michel Foucault en el prefacio
de su naissance de la clinique, dice que en los pensamientos de los
hombres no cuenta tanto lo que han pensado sino lo no-pensado. En su estudio
estructural pretende descifrar en el espesor de lo histórico las condiciones de
la historia misma.
El secreto médico.
El hermetismo del médico en su
accionar y el respeto por la confianza que le deposita el enfermo constituye un
pilar deontológico, consagrado en el Juramento Hipocrático y reafirmado
insistentemente en diferentes documentos. La Declaración de Ginebra
(1948) aprobada por la Asociación Médica Mundial sostiene que el médico
debe guardar y respetar los secretos confiados. Pero esta confidencialidad a
menudo es vulnerada por los propios médicos y los estudiantes de medicina que
comentan en los pasillos los pormenores de la patología que tiene el paciente de
la cama número tal, y otro tanto podríamos decir de enfermería o del personal
administrativo que debe manipular informes de estudios, historias clínicas,
facturaciones, etc. No hablemos de las indiscreciones que se cometen en las
entrevistas periodísticas que aparecen por televisión o en los diarios. De allí
que sea muy difícil hablar de un secreto medico en términos absolutos, porque el
hermetismo puede ser vulnerado por cualquiera de los integrantes del equipo de
salud.
Por otra parte, más allá que el
médico debe evitar cometer una indiscreción que ponga al desnudo el secreto, y
que esta indiscreción ocasione un daño, no cabe duda que en una sociedad donde
las instituciones avanzan sobre la intimidad de los individuos, el médico cada
vez debe soportar mayor presión por parte de reparticiones oficiales, compañías
de seguro, bancos, tarjetas de crédito, etc., para que revele cuál es el estado
de salud de su paciente. Es curioso, ya que por un lado todos los códigos
profesionales nos exigen guardar el secreto contra el viento y la marea, y por
otro el Estado y las empresas privadas nos conminan para que lo vulneremos...
Si bien es
cierto que el progreso científico se basa no solo en la investigación sino
también en la comunicación de las observaciones, hallazgos y experimentaciones,
el médico debe evitar que la historia clínica para una comunicación en un
congreso o una publicación científica a través de detalles y fotos se pueda
identificar al paciente, el cual tiene derecho a ser protegido.
La
confidencialidad surge del contrato -de hecho- establecido entre el enfermo y su
médico, y la falta de respeto a esta relación contractual tiene implicancias
éticas y también legales. Es más, esta confidencialidad debería respetarse aún
después de que el paciente haya muerto. Situación nada sencilla cuando se trata
de figuras públicas, pues, algunos colegas han sido llevados ante los estrados
judiciales por declaraciones aparecidas en los medios o por ser autores de
libros que terminaron siendo bets sellers.
Los juicios por mala praxis.
Me gradué de médico en una época en
que los juicios por mala praxis eran poco frecuentes. Hoy existe un sinnúmero de
demandas (afortunadamente muchas no prosperan), los medios están ávidos por
darles un espacio trascendente ya que consideran que son noticia, y desde hace
varios años se intenta crear por parte de ciertos estudios de abogados una
industria del juicio. En el negocio de la mala praxis existe un submundo
conformado por abogados, peritos médicos, y soplones (enfermeras,
administrativos, camilleros, etc.)
He tenido oportunidad de
participar en diferentes mesas redondas sobre responsabilidad médica e
intercambiar opiniones con jueces penales y civiles, e incluso con prestigiosos
doctrinarios del derecho, motivo por el que creo conocer las diferentes aristas
del problema.
El ejercicio de la
medicina en los países del primer mundo (organización, cobertura, condiciones
laborales, tecnología, etc.) no es trasladable al nuestro, por lo tanto no
podemos importar ciertas doctrinas y responsabilidades. Sin embargo, la realidad
es que los médicos cada vez estamos más expuestos, y desde la sociedad como
desde los tribunales, muchas veces se nos pide lo imposible.Existen prácticas
deficientes o errores médicos (malpractice) que son motivo de conflictos
y también de acciones legales. ¿Puede considerarse correcto que una práctica
médica se sustraiga a los controles externos? ¿Hasta donde deben llegar estos
controles para no interferir en la actividad responsable de los médicos? La
responsabilidad no es exclusiva del ámbito de la justicia (responsabilidad
legal), ya que existe también una responsabilidad ética, de la
cual se viene ocupando la deontología desde la antigüedad. La
responsabilidad del médico es una responsabilidad especial y pública. Pero en
los días que corren los médicos estamos más preocupados por los aspectos
legales, ya que en sede penal tenemos que responder con la matrícula y en sede
civil con nuestro patrimonio, y las consecuencias van más allá de la matrícula y
de los resarcimientos materiales, porque suelen ocasionarle al médico y también
a la familia de este, daño psicológico, moral, somático, social y laboral. Ante
la posibilidad de llegar a incurrir en ciertos errores o prácticas defectuosas,
los médicos procuramos extremar los recaudos (medicina defensiva),
actitud que encarece el acto médico y genera diferentes trastornos. |