Comentarios bibliográficos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

METAMEDICINA.
Reflexiones, cuestionamientos y esperanzas al cabo de 30 años de profesión asistencial y docente.
Prof. Dr. Roberto M. Cataldi Amatriain.

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Editado Por la Junta de Educación Médica para América Latina. Buenos Aires, 2003

Fragmentos

 

El discurso médico a través de la historia.

La medicina siempre tuvo su discurso oficial, el cual fue variando con el transcurso del tiempo. También una mitología, que obviamente fue estimulada por los padres de la medicina, pero que muchas veces nos volvió incapaces para entender al otro, para comprender lo que nos resulta ajeno, para ver que la medicina tiene sus límites, y que la nuestra es una medicina omnipotente. En efecto, la medicina occidental se presenta en público como la medicina del éxito, de la vida como principio, de la salud entendida como completo bienestar en todas sus dimensiones, para recordar el difundido  concepto de la Organización Mundial de la Salud (aunque la OMS no mencionó el bienestar espiritual)

No creo que la historia (universal, de la ciencia o de lo que fuere) se halle regida por leyes inmutables, ni que el devenir histórico esté escrito. Pienso que la historia se va haciendo cotidianamente, con marchas y contramarchas, con zigzags, con consensos, acuerdos, pactos y concesiones. Las grandes ideas y teorías se mueven en el mundo de la abstracción, y no siempre se compadecen con los seres de carne y hueso, quienes apelando a un sentido pragmático y realista de la vida claman por la solución de sus problemas existenciales, aquí y ahora. En el discurso de la medicina oficial tienen cabida –además del cuerpo doctrinario- las influencias, la tradición, las ideas fuerza, las creencias, la moral de la época, los intereses de ciertas capillas, las modas. En lo que atañe a estas últimas, reparemos que existen modas tanto en lo que comprende a las teorías etiopatogénicas y fisiopatológicas, como en lo que respecta al diagnóstico, tratamiento, prevención y rehabilitación. De tanto en tanto reaparecen teorías o conductas que fueron desechadas en el pasado,  y hoy son motivo de reconsideración. La medicina es un campo imposible de abarcar,  en él se entrecruzan las certidumbres con los riesgos y las incertidumbres, y, con esto debemos lidiar diariamente los médicos. Esta mixtura de certidumbres, riesgos e incertidumbres, a menudo es difícil de aceptar, tanto para los pacientes, como también para los medios e incluso  los jueces. Todos nos reclaman precisión, seguridad, garantías, como si para alcanzar esas metas bastase la buena disposición y tener los conocimientos al día.

Michel Foucault en el prefacio de su naissance de la clinique, dice que en los pensamientos de los hombres no cuenta tanto lo que han pensado sino lo no-pensado. En su estudio estructural pretende descifrar en el espesor de lo histórico las condiciones de la historia misma.

 

El secreto médico.

El hermetismo del médico en su accionar y el respeto por la confianza que le deposita el enfermo constituye un pilar deontológico, consagrado en el Juramento Hipocrático y reafirmado insistentemente en diferentes documentos. La Declaración de Ginebra (1948) aprobada por la Asociación Médica Mundial sostiene que el médico debe guardar y respetar los secretos confiados. Pero esta confidencialidad a menudo es vulnerada por los propios médicos y los estudiantes de medicina que comentan en los pasillos los pormenores de la patología que tiene el paciente de la cama número tal, y otro tanto podríamos decir de enfermería  o del  personal administrativo que debe  manipular informes de estudios, historias clínicas, facturaciones, etc. No hablemos de las indiscreciones que se cometen en las entrevistas periodísticas que aparecen por televisión o en los diarios. De allí que sea muy difícil hablar de un secreto medico en términos absolutos, porque el hermetismo puede ser vulnerado por cualquiera de los integrantes del equipo de salud.

Por otra parte, más allá que el médico debe evitar cometer una indiscreción que ponga al desnudo el secreto, y que esta indiscreción ocasione un daño, no cabe duda que en una sociedad donde las instituciones avanzan sobre la intimidad de los individuos, el médico cada vez  debe soportar mayor presión por parte de reparticiones oficiales, compañías de seguro, bancos, tarjetas de crédito, etc., para que revele cuál es el estado de salud de su paciente. Es curioso, ya que por un lado todos los códigos  profesionales nos exigen guardar el secreto contra el viento y la marea, y por otro el Estado y las empresas privadas nos conminan para que lo vulneremos...

Si bien es cierto que el progreso científico se basa no solo en la investigación sino también en la comunicación  de las observaciones, hallazgos y experimentaciones, el  médico debe evitar que la historia clínica para una comunicación en un congreso o una publicación científica a través de detalles y fotos se pueda identificar al paciente, el cual tiene derecho a ser protegido.

La confidencialidad surge del contrato -de hecho- establecido entre el enfermo y su médico, y la falta de respeto a esta relación contractual tiene implicancias éticas y también legales. Es más, esta confidencialidad debería respetarse aún después de que el paciente haya muerto. Situación nada sencilla cuando se trata de figuras públicas, pues,  algunos colegas han sido llevados ante los estrados judiciales por declaraciones aparecidas en los medios o por ser autores de libros que terminaron siendo bets sellers.

Los juicios por mala praxis.

Me gradué de médico en una época en que los juicios por mala praxis eran poco frecuentes. Hoy existe un sinnúmero de demandas (afortunadamente muchas no prosperan), los medios están ávidos por darles un espacio trascendente ya que consideran que son noticia, y desde hace varios años se intenta crear por parte de ciertos estudios de abogados una industria del juicio. En el negocio de la mala praxis existe un submundo conformado por abogados, peritos médicos, y soplones (enfermeras, administrativos, camilleros, etc.)

He tenido oportunidad de participar en diferentes mesas redondas sobre responsabilidad médica e intercambiar opiniones con jueces penales y civiles, e incluso con prestigiosos doctrinarios del derecho, motivo por el que creo conocer las diferentes aristas del problema. 

El ejercicio de la medicina en los países del primer mundo (organización, cobertura, condiciones laborales, tecnología, etc.) no es trasladable al nuestro, por lo tanto no podemos importar ciertas doctrinas y responsabilidades. Sin embargo, la realidad es que los médicos cada vez estamos más expuestos, y desde la sociedad como desde los tribunales, muchas veces se nos pide lo imposible.Existen prácticas deficientes o errores médicos (malpractice) que son motivo de conflictos y también de acciones legales. ¿Puede considerarse correcto que una práctica médica se sustraiga a los controles externos?  ¿Hasta donde deben llegar estos controles para no interferir en la actividad responsable de los médicos? La responsabilidad no es exclusiva del ámbito de la justicia (responsabilidad legal), ya que existe también una responsabilidad ética, de la cual se viene ocupando la deontología desde la antigüedad. La responsabilidad del médico es una responsabilidad especial y pública. Pero en los días que corren los médicos estamos más preocupados por los aspectos legales, ya que en sede penal tenemos que responder con la matrícula y en sede civil con nuestro patrimonio, y las consecuencias van más allá de la matrícula y de los resarcimientos materiales, porque suelen ocasionarle al médico y también a la familia de este, daño psicológico, moral, somático, social y laboral. Ante la posibilidad de llegar a incurrir en ciertos errores o prácticas defectuosas, los médicos procuramos extremar los recaudos (medicina defensiva), actitud que encarece el acto médico y genera diferentes trastornos.

 

 

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