Editorial

 

 

 

 

 

 

 

Prof. Dr. Gerardo M. Baré*

 

 

En estas últimas décadas se ha producido un notable avance en los conocimientos específicos en sí, derivado de los progresos en la investigación médica básica y clínica que ha permitido inclusive la delimitación de nuevas entidades nosológicas, desconocidas hasta  el presente y el desarrollo a través de la tecnología médica de nuevos elementos de diagnostico ha permitido confirmar ciertas patologías antes de las manifestaciones floridas de la enfermedad. El diagnóstico por imágenes, históricamente reducido a la radiología, el radioinmunoanálisis, la inmunología en general, la biología molecular, la genética y tantas otras son sólo algunos ejemplos que ha permitido por los notables progresos tales como el transplante de órganos, el tratamiento de la esterilidad y la expectativa de la manipulación genética en el tratamiento de enfermedades incurables que hasta hace poco años eran fantasías literarias. Todo este vertiginoso progreso no solamente ha complicado la posibilidad humana de abarcar todos los conocimientos y técnicas, sino que ha planteado severos problemas éticos. A su vez esta “eclosión tecnológica” ha deshumanizado la medicina en manos de “técnicos” que parecen tratar con aparatos más que con personas. La seguridad diagnóstica y terapéutica que ofrece la fibroendoscopía es irreemplazable para el médico que responsablemente la indica. Pero el punto de vista del paciente puede ser otro: ha perdido confort. Esto explica claramente como el paciente pese al notable incremento de la expectativa de vida que se acerca casi a los ochenta años en algunos países, no se siente más cómodo que hace cincuenta años con su médico de cabecera, con conocimientos limitados y pocos instrumentos comparados con la época actual.

Las especialidades se han multiplicado, al igual que las subespecialidades, inclusive estas últimas en diferentes niveles. Esta vorágine de conocimientos y técnicas incorporadas en tan poco tiempo ha confundido notablemente a los pacientes y lo que es más grave a los médicos. Los pacientes se autoderivan, no siempre acertadamente y crea dudas en el mismo profesional  receptor. Cada vez se tratan más órganos, sistemas y subsistemas con prescindencia del paciente como un todo indivisible e interrelacionado. Las proporciones pierden significado y asistimos a veces a caricaturas de asistencia médica.

¿Qué respuestas antes estos problemas puede ofrecer la Clínica Médica? ¿Cuál es su campo de acción? ¿Hasta donde llegan sus límites? ¿Cómo y para qué debemos entrenar a nuestros estudiantes que abrazan esta especialidad? Estos son unos de los pocos de los muchos interrogantes a los que tenemos que dar respuestas concretas. En muchos lugares la clínica médica (con minúscula) se ha transformado en un servicio derivador que inclusive deriva mal. Hemos observado a una paciente joven muy anémica ser derivada al Servicio de Hematología con una anamnesis no resgistrada que indicaba metrorragias profusas para luego ser derivada a ginecología por el hematólogo. Estos errores por no llamarlos horrores, del que sólo hemos dado un ejemplo grotesco no son nada raros. El Clínico puede evadirse (hablamos de la especie evasora-derivadora) cuando se presentan casos de fiebre de origen desconocido, anemias inexplicables, pérdidas de peso, astenias orgánicas, algias oscuras y otras. Pero aunque pueda evadirse no lo debe hacer aún en patologías tan concretas como el lupus eritematoso sistémico, la cardiopatía isquémica, la hipertensión arterial, las neoplasias, las infecciones y muchas otras. Es su obligación hacer un prolijo interrogatorio y un examen físico completo para tratar de llegar al diagnóstico. Si el resultado es una leucemia aguda debe consultar obviamente al hematólogo sin perder conexión con el paciente que además de blastos tiene muchas cosas, siendo una de las principales la confianza de su médico. Los pacientes suelen tener varias patologías y es el internista que libre de minusvalía debe actuar como director de la orquesta que significa el equipo multidisciplinario. Una orquesta necesita de un director para no transformar la producción en un caos. Debe decidir las prioridades en forma permanente y dinámica. Sólo él puede hacerlo porque está en el núcleo de todas las especialidades, y es el único que tiene un lenguaje común que puede hacer de nexo.

La aparición de esta Revista Argentina de Clínica Médica es notablemente importante parta dar respuesta a estos interrogantes. La Clínica Médica debe dejar de ser la Cenicienta de la Medicina en que se puso sola, para convertirse en la más compleja de las especialidades como lo es cada vez más.

A través de sus ediciones en que volcarán su experiencia y conocimiento reconocidos profesionales, tendremos los clínicos nuestro espacio, lo que va a redundar en una mejor atención médica, objetivo principal de la Medicina. Por tal motivo le auguramos éxito y aceptación.

 

*Ex  Jefe del Servicio de Clínica Médica

del Hospital Francés (Buenos Aires).

Editorial del primer número impreso en 1996.

 

 

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